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el sueño de un gran puebloEl padre German Rosa S.J. al inicio de la conversación afirmó: Tener esperanzas cuando todos los sueños están sepultados en el cementerio puede ser el antídoto a la pandemia que ha enterrado las utopías y ha hecho que se deje de soñar, y de vivir como si se estuviera en el abismo de la muerte. Nos atrevemos a soñar cuando nos quema la llama de la esperanza, subrayó.

¿Por qué usted distingue entre grandes y pequeñas esperanzas en este momento que vive la humanidad?

GR: Obviamente, hay pequeñas esperanzas y hay grandes esperanzas de una persona, de un pueblo o de toda la humanidad. Hace 2000 años un Galileo predicó con gran ímpetu su esperanza plasmada en un gran sueño para todo un pueblo y la humanidad entera.

Su esperanza ha sido una impronta imborrable en la historia universal, opacando otras esperanzas que existieron en su contexto. La esperanza de Jesús no fue la misma que las esperanzas de los fariseos, los saduceos, los escribas, los sacerdotes, los esenios, los zelotas, Pilatos, el Cesar y otras más… ¿Cuál fue la esperanza de Jesús el Galileo?

En La Biblia vemos que Jesús pasó 40 días en el desierto. ¿Por qué es importante detenerse en este hecho?

GR: Jesús vivió la etapa de iniciación de su ministerio público como un colaborador de Juan Bautista, la voz que gritaba en el desierto, que predicaba la conversión y el juicio inminente de Dios. Los cuarenta días de Jesús en el desierto fueron el tiempo de preparación del Mesías para atravesar el río Jordán y entrar a la tierra de la promesa, encarnando y reproduciendo como representante del pueblo de Israel, los orígenes de su camino por el desierto durante cuarenta años antes de entrar en la tierra prometida (cita a: Vidal, S. 2006. Jesús el Galileo. Santander, España: Editorial Sal Terrae, p. 70).

La “cuarentena” de Jesús el Galileo fue un tiempo de discernimiento para luego sembrar la esperanza y plantar el sueño de Dios en el corazón de su pueblo y que después sería diseminado a toda la humanidad (Mc 1,12-13).

En el desierto, el Galileo venció las tentaciones de legitimar la esperanza con el espectáculo, los signos aparatosos, el poder y la riqueza (Mt 4,1-11). Tentaciones que reaparecieron durante su vida pública y a las que nunca cedió.

Después de que tomaron preso y ocurrió la muerte violenta de Juan el Bautista, Jesús dejó el desierto y comenzó su vida como predicador itinerante en Galilea, la Decápolis, Tiro, Sidón y Cesarea, y fue proclamando el gran sueño de Dios para el pueblo hebreo y la humanidad entera, es decir, el Reino de Dios (Mc 1,14-15). Jesús centró inicialmente su actividad en los grandes poblados de los municipios porque ahí estaba la población más humilde, empobrecida y necesitada, donde él descubría las raíces de las doce tribus de Israel tanto a nivel social, económico, político, cultural y religioso; dejando al margen las grandes ciudades que serían evangelizadas al final. Interpretó el acontecimiento traumático de la muerte violenta del profeta Juan Bautista como el signo de Dios para comenzar a concretar su gran esperanza. Fue entonces cuando Jesús realizó las curaciones, las comidas con los pecadores, los milagros o signos concretos que indicaban el comienzo de su gran sueño.

La cuarentena, tiempo para planificar, diseñar estrategias y luego lograr grandes sueños… ¿Fue efectivamente así?

GR: La cuarentena sirve para cambiar muchas cosas y diseñar planes estratégicos novedosos que nos conducirán a realizar grandes sueños, si aprovechamos y sacamos el mayor beneficio de esta oportunidad para lograrlos.

Jesús cambió la estrategia de Juan Bautista quien permaneció durante su vida en el desierto. El final de la misión de Juan Bautista fue el comienzo de la misión autónoma de Jesús quien fue del desierto hacia la periferia. El anuncio que hizo Juan el Bautista de la llegada de Dios en el futuro se convirtió en acontecimiento presente en la misión de Jesús. Ya no era el tiempo de la preparación, como lo anunció Juan Bautista, sino la irrupción del acontecimiento salvador definitivo: el Reino de Dios. Se estableció así una línea divisoria entre la época pasada y la época presente en la que actuó Jesús.

Juan realizó su misión en el desierto, en el río Jordán, a las puertas de la tierra prometida, en la frontera que Jesús cruzó para entrar en aquella tierra que ya estaba habitada por el pueblo hebreo, pero que él refundaría con una nueva y definitiva alianza con Dios.

El signo del bautismo de Juan fue sustituido por otros signos que Jesús realizó, como curaciones, comidas con los pecadores, en un contexto real de sanación y transformación del pueblo que habitaba la tierra que Dios le había heredado.

Juan bautizaba en el Jordán y la gente tenía que ir ahí para encontrarlo, en cambio Jesús cambió su método misionero y se convirtió en un predicador itinerante, con una vida a la intemperie, de pobreza extrema y de desarraigo familiar y social, para anunciar el sueño de Dios Padre al pueblo que habitaba en la tierra de la promesa. Predicaba con parábolas, alegorías, y su acento fue que Dios viene para salvar.

El escenario de Juan Bautista es el desierto, en cambio Jesús pasó del desierto a la tierra heredada por Dios, al pueblo hebreo y muestra un nuevo talante en su misión. Juan tenía una vida de penitencia, no comía ni bebía, en cambio Jesús tuvo tal cercanía con los pecadores y comía con ellos y fue acusado de comilón, amigo de publicanos y pecadores. Jesús mostró tal cercanía de Dios que fue amigo de tantas personas que estaban excluidas de la salvación en su contexto (Mt 11,18-19; Mc 2,18-22).

¿Cómo se concreta la esperanza de Jesús después de su cuarentena?

GR: Jesús personifica la esperanza de la salvación que comenzó el gran sueño del Reino de Dios que ofrece una transformación histórica cargada de gran dinamismo. Y esto lo realizó con sus palabras, acciones y con la estrategia de un predicador itinerante en el territorio de la tierra heredada de Dios al pueblo hebreo.

La esperanza de Jesús es la que se gestó en toda la historia del pueblo hebreo que tiene como fundamento la liberación de la esclavitud en Egipto, la tierra prometida, la alianza con Dios que también es creador del cielo y de la tierra, y cuya realeza garantiza la justicia y el derecho para los desprotegidos, los desamparados, los enfermos, los pobres, el huérfano, la viuda, etc. Esta esperanza es liberadora y es esperanza de plenitud de vida. La esperanza de Jesús expresada en el Reino de Dios es la liberación de todas las formas de esclavitud que destruyen la dignidad humana y también la creación entera. La esperanza de Jesús es el sueño de Dios de constituir un pueblo entero según su corazón.

El gran sueño de Jesús fue el centro que configuró toda su misión: sus enseñanzas, sus milagros, sus controversias, todo lo que hizo y lo que fue está marcado por el sello del Reino de Dios.

Jesús comenzó la salvación en este mundo. Su esperanza se fue fraguando a lo largo de todo el período de la historia del pueblo hebreo antes de su llegada y tiene como atalaya el final de la historia. La esperanza de Jesús es que Dios viene a transformar la historia del pueblo hebreo y de todos los pueblos de la tierra. Dios posibilita la liberación del mal, del pecado y de la muerte a toda la humanidad. Por eso la salvación comienza en el presente y culminará al final de la historia. El Reino de Dios es un proceso dinámico que va realizando gradualmente la transformación de este mundo y crece como la semilla o el grano de mostaza sembrados en la tierra, y nos hace crecer como la levadura... El último estadio de este proceso será la plenitud de la humanidad y de la creación entera…

Y nos preguntamos: ¿hemos aprovechando personal, comunitaria y socialmente este tiempo de cuarentena para construir grandes sueños? ¿Los grandes sueños están creciendo en nosotros como la semilla sembrada en el campo y nos están haciendo crecer como la levadura…? ¿Nuestros sueños están de acuerdo con el gran sueño de Dios?

(Tomado de: vaticannews.va)

 

 

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