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El 29 de junio se hará pública la creación de la Conferencia Eclesial Amazónica, CEA, en el V aniversario de Laudato Si, y, luego de nueve meses del término del Sínodo de la Amazonía. De esta manera se hace realidad el artículo 115, del Informe Final, que habla de la necesidad de un Organismo Eclesial Regional Postsinodal para la región amazónica que “promueva la sinodalidad entre las iglesias de la región, que ayude a delinear el rostro amazónico de esta Iglesia y que continúe la tarea de encontrar nuevos caminos para la misión evangelizadora, en especial incorporando la propuesta de la ecología integral, afianzando así la fisonomía de la Iglesia amazónica”. El Cardenal Pedro Barreto dice que, en primer lugar, la CEA es una ofrenda al Papa y a la Amazonía.

La Amazonía es un bien planetario que hay que proteger. El Papa en “Querida Amazonía” la describe como “una totalidad plurinacional interconectada, un gran bioma compartido por nueve países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam, Venezuela y Guayana Francesa”. (5).

El Semanario Alfa y Omega le pregunta al Cardenal Barreto quiénes constituyen la CEA, éste respondió: “los nueves países que constituyen la zona amazónica estarán representados con sus obispos, sacerdotes, diáconos e indígenas. Aquí no hay nacionalismos, ni divisiones por naciones, es la Iglesia de una región que busca la protección de un bien muy importante”. Además, nombró a la Guyana francesa que abre a la universalidad a este organismo- “La Guayana francesa, nos abre un camino muy importante con Francia y Europa a través del obispo francés; un camino que debemos desarrollar con más fuerza”. Termina diciendo que, si bien la CEA hará parte del CELAM, tendrá autonomía, y, que poseerá una fuerza muy grande porque tiene el respaldo que le dan los indígenas, laicos, religiosos y obispos.

La Amazonía, inspira al Papa Francisco, sueños. Sueña “con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida; con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana; con una Amazonia que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas, y, sueña con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonia, hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos amazónicos”. (Querida Amazonía, 7).

El Papa la considera como uno de los lugares del planeta que requiere, un cuidado particular, por su enorme importancia para el ecosistema mundial. Pero le preocupa los grandes intereses económicos internacionales que están tras ella. Rechaza la propuesta de internacionalizar la Amazonía porque bajo el pretexto de cuidarla, solo serviría a los intereses de las corporaciones transnacionales, que no tienen en cuenta las soberanías nacionales (Laudato Si, 38).

Para el Papa Francisco, en este territorio es indispensable una especial atención a las poblaciones aborígenes, con sus tradiciones culturales. Éstas deben ser, “los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores”. (Laudato Si, 146).

“Siempre somos más fecundos cuando nos preocupamos por generar procesos …”. (Laudato Si, 178), en este sentido, la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, en Aparecida, en mayo del 2007, es un hito anterior importante para Laudato Si, 2015, y Querida Amazonía, 2020, porque muestra la preocupación perseverante de la Iglesia, por atender, de manera particular, una porción de ella, que es la Iglesia local. En Laudato Si, el Papa hace referencia al Documento de Aparecida (DA)que, reclama que “en las intervenciones sobre los recursos naturales no predominen los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las fuentes de vida” (DA 471). En este mismo Documento, ya los Obispos dijeron que es necesario: “Crear conciencia en las Américas sobre la importancia de la Amazonia para toda la humanidad. Establecer, entre las iglesias locales de diversos países sudamericanos, que están en la cuenca amazónica, una pastoral de conjunto con prioridades diferenciadas para crear un modelo de desarrollo que privilegie a los pobres y sirva al bien común”. (DA 475).

Finalmente, la voz de la Amazonía peruana se verá potencida en su denuncia ante la deforestación, a depredación de las especies, la contaminación de los ríos, con el consiguiente daño a la salud humana, de manera que se den políticas públicas que hagan posible la ecología integral. Algunos empresarios consideran que la defensa del medio ambiente se opone al desarrollo. Pero, no es así, porque podemos encaminarnos hacia el desarrollo sostenible que, hace compatible el cuidado del medio ambiente y, la buena marcha de la economía del país. Pero, como dice el Papa, cuando se busca un rédito económico rápido y fácil, esto estorba, pero que no se pueden permitir las “gravísimas inequidades cuando se pretende obtener importantes beneficios haciendo pagar al resto de la humanidad, presente y futura, los altísimos costos de la degradación”. (Laudato Si, 36). La Amazonía es “nuestra” y el Papa Francisco nos invita a admirarla y reconocerla como un misterio sagrado.

Fabiola Luna Pineda
Miembro del Comité Consultivo de la Comisión Arquidiocesana de Fe y Cultura

(Tomado de: arzobispadodelima.org)

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