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Mercedarios recibieron Medalla de Santo Toribio de MogrovejoDentro de la agenda de la 111 Asamblea de los Obispos del Perú, celebrada recientemente en Lima, se realizó la Condecoración con la Medalla de Santo Toribio de Mogrovejo a la Provincia Mercedaria del Perú, con motivo de sus 800 años de fundación.

Recibió la condecoración el Provincial, Fr. César Pavel Ivan Gálvez León. El 10 de agosto de 1218 se fundó la Orden de la Merced en la catedral de Barcelona. Luego, el 17 de enero de 1235 se da la Confirmación Pontificia de la Orden de la Merced a través de la bula Devotionis vestrae, del Papa Gregorio IX.

Nuevos cargos en la Conferencia Episcopal PeruanaEn el marco de la 111ª Asamblea Plenaria de los Obispos del Perú, el Arzobispo de Trujillo, Monseñor Héctor Miguel Cabrejos Vidarte, OFM., fue elegido como nuevo Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, para el período 2018 – 2020. Reemplaza en el cargo a Monseñor Salvador Piñeiro.

Monseñor Miguel Cabrejos nació el 5 de julio de 1948 en el distrito de Llama, Provincia de Chota, Cajamarca.

Fue Ordenado sacerdote el 7 de diciembre de 1974.
Fue consagrado Obispo el 7 de agosto de 1988. Nombrado Obispo Castrense del Perú el 6 de febrero de 1996.

Luego, el 29 de julio de 1999, fue nombrado Arzobispo Metropolitano de Trujillo y tomó posesión de su cargo, el 11 de setiembre de ese mismo año.

Ha presidido diversos organismos en la Conferencia Episcopal Peruana. En enero de 2006 los obispos lo eligieron como Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, para un primer período (2006-2009). Luego fue reelegido Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana hasta enero de 2012.

Durante la preparación para la Visita Apostólica del Papa Francisco al Perú, Monseñor Miguel Cabrejos ocupó el cargo de Coordinador de Medios de la Visita Papal.

En estas elecciones también se eligió a Monseñor Pedro Barreto Jimeno, Arzobispo de Huancayo, como Primer Vicepresidente de la Conferencia Episcopal, y a Monseñor Robert Francis Prevost, Obispo de Chiclayo, como Segundo Vicepresidente del Episcopado Peruano.

Obispos del Perú envían carta a obispos de VenezuelaLos Obispos dieron a conocer una carta que enviaron a sus hermanos Obispos de Venezuela, con motivo de la difícil situación política, económica y social que se vive en ese país.

La carta fue leída por Monseñor Norberto Strotmann, Obispo de Chosica y Secretario General de la Conferencia Episcopal Peruana, y está firmada por Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, OFM., Arzobispo de Trujillo y Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, en nombre de todos los Obispos del Perú.

En la carta, dirigida a Monseñor José Luis Azuaje Ayala, Obispo de Barinas y Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, la Conferencia Episcopal Peruana envía al pueblo y al Episcopado Venezolano su profunda solidaridad así como sus oraciones “para que cese todo tipo de violencia y autoritarismo, y por medio del dialogo, el respeto a la vida y a los derechos fundamentales de todos los venezolanos se encuentren caminos de libertad, reconciliación y unidad”.

También, los Obispos del Perú manifiestan su alegría de poder acoger fraternalmente en nuestro país y en la Iglesia a miles de hermanos venezolanos migrantes, recordando con gratitud la fraterna acogida que dieron a miles de peruanos en las décadas de los ochenta y noventa.

Finalmente, invocaron la protección amorosa de Nuestra Señora de Coromoto “para que en estos momentos mantenga viva la esperanza en el hermano pueblo de Venezuela, y que el Señor, cuyo misterio pascual celebraremos dentro de pocos días, los libere de todo temor y mal”.

JornadaEl próximo viernes, 9 de marzo, a las 17:00, en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco presidirá la celebración penitencial con la que dará inicio la jornada de “24 Horas para el Señor”, organizada por el Pontificio Consejo para la promoción de la nueva evangelización.

El Santo Padre, en su Mensaje de Cuaresma 2018 titulado “Al crecer la maldad se enfriará el amor en la mayoría”, invita a todos los fieles a vivir como una "ocasión propicia la iniciativa que invita a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un ambiente de adoración eucarística".

De ti procede el perdón: lema de la jornada

En este contexto, e inspirándose en las palabras del Salmo 130, 4: "De ti procede el perdón", en cada diócesis al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas consecutivas, ofreciendo la posibilidad de adoración nocturna del Santísimo, así como la confesión sacramental.

Será el mismo Papa Francisco quien ponga en marcha esta gran iniciativa con la Celebración Penitencial en la Basílica de San Pedro, que surgió en Roma hace cinco años, pero que pronto se extendió a nivel mundial, uniendo espiritualmente al Sucesor de Pedro con las Iglesias repartidas en los cinco continentes, con el fin de ofrecer a todos la oportunidad de vivir la experiencia personal de la infinita misericordia de Dios.

El objetivo es recibir el abrazo misericordioso de Dios

Según declaró el Presidente del Dicasterio promotor, el Arzobispo Monseñor Fisichella, “el objetivo es ofrecer a todos, especialmente a aquellos que todavía sienten cierta incomodidad ante la idea de ingresar a una iglesia, el abrazo misericordioso de Dios ; una ocasión para regresar al Padre, que va más allá de los tiempos y modos habitualmente conocidos”.

«Precisamente en estos días he recibido una carta del Inspector general de las Prisiones que proponía vivir “24 horas para el Señor” también en las cárceles», continúa diciendo Mons. Fisichella y añade que se ha avisado a los capellanes para que también se sumen a vivir esta experiencia y este momento de perdón: «un momento, que ha sido pensado, deseado y esperado».

El mismo Consejo Pontificio ha editado una guía de ayuda pastoral especial para acompañar las “24 horas para el Señor”, que se publicará en italiano, inglés, francés, alemán, español, portugués y polaco. Algunas ediciones están ya disponibles en www.pcpne.va

Para participar en la celebración penitencial en la Basílica de San Pedro presidida por el Papa Francisco, es posible recoger entradas gratuitas directamente en el Consejo Pontificio, ubicado en Via della Conciliazione n. 5, los miércoles y jueves, de 8:30 a 13:30 y de 15:00 a 17:30, y el viernes 9, de 8:30 a 13:30.

(Tomado de: vaticannews.va)

ObisposdelperuAl culminar las sesiones de la 111ª Asamblea Ordinaria del Episcopado Peruano, los Obispos del Perú dieron a conocer en conferencia de prensa, un comunicado a todo el pueblo peruano, el cual entregamos íntegro a continuación:

Unidos por la esperanza

Los obispos del Perú, reunidos en nuestra 111ª Asamblea Ordinaria, queremos manifestar nuestro agradecimiento por el acontecimiento extraordinario que, como Pueblo de Dios, hemos vivido durante la visita del Santo Padre Francisco. Fueron los esfuerzos generosos de muchas personas, comunidades, parroquias, organizaciones de la sociedad civil, fuerzas armadas y policiales, y gobierno los que permitieron que este encuentro suscitara la expresión viva de la fe, los gestos fraternos y de afecto que emocionaron al Santo Padre.

Ante las dificultades de orden político, social y moral por las que atraviesa nuestra patria, haciendo eco de las palabras y gestos del Santo Padre, queremos dirigir nuestra palabra de hermanos, para que la fuerza movilizadora que nos dejó su visita continúe despertando en nosotros procesos de conversión hacia una mayor unión entre los peruanos, a fin de que podamos “sentir que el Perú es un espacio de esperanza y oportunidad”.

El Papa nos recordó cómo “Jesús camina con sus discípulos y comienza a develar muchas situaciones que asfixiaban la esperanza de su pueblo, suscitando una nueva esperanza… Conviértanse, les dice, el Reino de los Cielos es encontrar en Jesús a Dios que se mezcla vitalmente con su pueblo, e invita a otros a no tener miedo de hacer de esta historia, una historia de salvación”.

Una vez más, nos ha invitado a ser una Iglesia en salida hacia las fronteras de aquellos “que están al borde de nuestros caminos”: Amazonía, pueblos indígenas y cuidado del medio ambiente; pobreza y exclusión; trata de personas y violencia contra la mujer; corrupción generalizada. Nos dijo con toda claridad que tenemos que asumir con valentía el reto del momento histórico en el que estamos, sin caer en la tentación de huir o de zafarnos de las dificultades.

Nos dijo que “unidos para defender la esperanza” consiste en: impulsar y desarrollar una ecología integral como alternativa a “un modelo de desarrollo ya caduco pero que sigue provocando degradación humana, social y ambiental”; desarrollar “una mayor cultura de la transparencia,… porque la corrupción es evitable y exige el compromiso de todos”; salir de la cultura de la exclusión, porque “es una cultura anónima, sin lazos y sin rostros,… sin madre, que lo único que quiere es consumir”; luchar juntos contra el feminicidio, porque “son muchas las situaciones de violencia que quedan silenciadas… luchar contra esta fuente de sufrimiento, pidiendo que se promueva una legislación y una cultura de repudio a toda forma de violencia”

Queremos expresar nuestra fraternidad con el pueblo venezolano. En décadas pasadas miles de nuestros compatriotas tuvieron que emigrar a Venezuela; las circunstancias actuales nos exigen actuar con solidaridad cristiana hacia nuestros hermanos de este país, que por diversas razones se han visto obligados a abandonar su patria y, hoy, se encuentran entre nosotros. Que el Perú sea para ellos un segundo hogar, donde se sientan bienvenidos y seguros.

El Perú es una tierra “ensantada”, nos dijo el Papa. Inspirados por nuestros santos, seguros de su intercesión, acojamos con confianza el desafío de la unidad por la esperanza.

LOS OBISPOS DEL PERU

La Iglesia necesita mujeres con presencia incisivaJimena Esquivel Leáutaud*.- Se ha dicho y escrito mucho sobre el papel de la mujer en el mundo, en la sociedad, en la religión, en las Iglesias incluida la católica. Se han realizado seminarios, foros, debates, conversatorios, ensayos sobre el tema, pero la reflexión y el análisis nunca es suficiente, porque en muchos lugares, incluyendo la Iglesia, la mujer sigue siendo relegada a roles de escasa decisión, de irrelevante presencia y sigue sufriendo y padeciendo una cultura eminentemente machista. En la Iglesia al igual que en muchos otros espacios, la mujer sigue teniendo que demostrar su valía y sigue siendo tratada con cierto desprecio e inferioridad.

El Papa Francisco ha afirmado que "El papel de la mujer en la Iglesia no es feminismo, ¡es un derecho! de bautizada con los carismas y los dones que el Espíritu ha dado" (Discurso a la UIG, 12 mayo 2016). A 25 años de la carta apostólica Mulieris Dignitatem del Papa San Juan Pablo II, el actual Papa nos invita a replantearnos un modelo de mujer dentro de la Iglesia que sea decidida y activamente participativa.

No hay duda, somos las mujeres quienes más participamos en la vida de la Iglesia, quienes estamos presentes en la catequesis, en la liturgia, en la formación. Cada vez es más común, a pesar de todo el esfuerzo que eso ha conllevado, ver mujeres que forman parte de los consejos parroquiales, de los tribunales eclesiásticos, especialistas en teología impartiendo clases en las universidades y qué decir de la vida religiosa, donde más del 60% está conformada por mujeres. Hay que decirlo con todas sus letras: una parroquia funciona y puede dar servicios gracias a la atención de las mujeres.

En la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II se confirmó el derecho de la mujer a participar en todos los asuntos vitales, de acuerdo con sus condiciones personales, sin embargo resulta paradójico que aunque somos mayoría dentro de la Iglesia, no tenemos ninguna representación en la jerarquía, históricamente hemos sido marginadas y silenciadas, con dificultad nos hemos ubicado en puestos de decisión al interior de la institución y no ha sido valorada suficientemente nuestra presencia y participación, basta por ejemplo hacer un comparativo entre el número de Doctores y Doctoras de la Iglesia, solo cuatro [1] frente a 30 en el caso de los hombres; así en un mundo dominado por los varones, la Iglesia católica no es excepción.

Algunos analistas han señalado que en el siglo XIX, la Iglesia católica perdió a los obreros, en el XX a los intelectuales y a los jóvenes y parece que en este siglo XXI, de continuar como hasta ahora, se corre el riesgo de perder a las mujeres a quienes al "ningunearlas" se desperdicia y se pierde una riqueza incalculable [2].

Jesús y su relación con las mujeres

Seguir a Jesús, significa seguir su proyecto: anunciar y realizar el Reino de Dios (Mc 1, 15) que es liberación de todo lo que oprime a la humanidad y Jesús a lo largo de su vida mantuvo un proceso de redención y dignificación para todos, pero con emoción, porque yo soy mujer, hay que destacar que Jesús fue un gran dignificador de la mujer, considerada en aquel entonces como de segundo orden, indigna e inferior al varón. La forma como él se relacionó con las mujeres de su tiempo fue maravillosa y constituyó toda una revolución, una novedad, con sorprendente libertad, allí donde la mujer no tenía participación alguna en la vida pública y donde existían toda una serie de costumbres y prejuicios que imposibilitaban el que la mujer viviera y se desarrollara sin la atadura de un hombre (esposo, padre, hermano) precisamente allí es donde Jesús, interpelando su época, y a través de su propio testimonio, no sólo se relaciona con la mujer, sino que le devuelve su dignidad y la posiciona como un ser completo.

Las mujeres están presentes en su muerte, por una mujer, su madre, realiza el primer milagro e inicia su vida pública, a las primeras que se les aparece resucitado, es precisamente a las mujeres y en su círculo cercano de amigos y seguidores se encuentran también algunas mujeres, ahí están por ejemplo María Magdalena, Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes y Susana, entre otras.

Jesús en su proyecto liberador, rompe los esquemas y las convenciones sociales de su época relativos a la mujer, por ejemplo mantiene una profunda amistad con Martha y María, las hermanas de Lázaro (Lc 10-38) conversa públicamente y a solas con la samaritana (Jn 4, 27) lo cual no estaba permitido, defiende a una mujer adúltera contra la legislación vigente (Jn 7, 8-10), se deja tocar por mujeres "impuras" como prostitutas (Lc 7, 36-58), enfermas, con flujo de sangre; escucha y atiende a varias mujeres como a la madre del joven de Naín (Lc 7, 11-17) la suegra de Pedro (Lc 4, 38-39), la pagana sirofenicia (Mc 7, 24-30) entre otras y también en sus parábolas aparecen muchas mujeres.

Jesús revolucionó su tiempo, pero para las mujeres su actitud y su relación fue toda una revolución, una liberación, nos dio dignidad y nos invitó a participar de la comunidad. Esto fue y es todavía semilla de transformación, que si bien muchas veces es ignorado y no se predica, debido al fuerte machismo y a la misoginia de algunos jerarcas y líderes dentro de la propia Iglesia, sigue resonando fuertemente en ella. La teóloga española, Dolores Aleixandre en el marco de la reflexión sobre la marginación de la que es parte la mujer al interior de la Iglesia y tomando en cuenta el Evangelio de Jesus, se preguntaba: "¿por qué tenemos tanto miedo al sueño circular y fraterno de Jesús? Por qué esa enorme confusión entre autoridad y poder".

Magisterio Post-conciliar

Asimismo San Juan Pablo II en su exhortación apostólica post sinodal sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y el mundo afirma que fundado en la palabra y actitud de Jesús, que son normativas para la Iglesia, no existe ninguna discriminación hacia la mujer en el plano de la relación con Cristo ni en la participación en la vida y santidad de la Iglesia. Por tanto se hace necesario pasar del reconocimiento teórico de la presencia activa y responsable de la mujer en la Iglesia, a su realización práctica"[3]

Hoy es necesario que se reconozca el papel preponderante que tiene la mujer en la vida y misión de la Iglesia, nuestro sentir y nuestra forma de ver y acercarnos a la realidad es de una riqueza extraordinaria, las mujeres dentro de la Iglesia planteamos debates y análisis sobre cuestiones profundas a las que no hay que rehuir, somos imprescindibles para la Iglesia y no se puede limitar nuestra participación a cuestiones de servicios, se precisa como ha dicho el Papa Francisco, hacer una teología más profunda de la mujer y apostar porque nuestro protagonismo incida en la vida diaria de la Iglesia.

Los obispos latinoamericanos en Aparecida, también han profundizado la reflexión sobre el lugar de las mujeres y la necesidad de transformación de las situaciones que las oprimen para que puedan participar plenamente en la vida eclesial, familiar, cultural, social y económica, creando espacios y estructuras que favorezcan una mayor inclusión. Así han señalado que entre las acciones pastorales para llevar esto acabo es necesario impulsar la organización de una pastoral que desarrolle y promueva un mayor protagonismo de las mujeres, en colaboración con los hombres, ya que ambos son corresponsables por el presente y futuro de la sociedad humana.

Hay que garantizar la efectiva presencia de la mujer en los ministerios que en la Iglesia son confiados a los laicos, así como las instancias de planificación y decisión pastorales, valorando su aporte, acompañar a las asociaciones femeninas en sus luchas y promover un diálogo con las autoridades para la elaboración de programas, leyes y políticas públicas que permitan armonizar la vida laboral de la mujer con sus deberes de madre de familia[4].

Para lograr el reconocimiento teórico y práctico de la mujer y su papel en la Iglesia, es necesario promover la reflexión acerca del impacto de los actuales modelos culturales en la identidad y misión que le compete tanto al hombre como a la mujer, en la familia, la Iglesia y la sociedad para generar competencias que les permitan favorecer su papel en la vida matrimonial, en el ejercicio de la maternidad y/o paternidad y en la evangelización.

Como parte de la dificultad que existe de tomar conciencia de la situación de falta de oportunidades y protagonismo de la mujer dentro de la Iglesia, es preciso señalar también que históricamente existen condicionamientos culturales que han generado ciertas imágenes, símbolos y costumbres que reproducen conductas que se viven como "naturales" de exclusión sin ser cuestionadas. Muchos hombres y mujeres han crecido en un ambiente marcado por una mentalidad que ha hecho ver como naturales lar relaciones jerárquicas entre los sexos y las consecuencias que de ello se desprenden también al interior de la institución de la Iglesia.

Desafíos pastorales

Quisiera terminar esta breve reflexión destacando la necesidad de insistir en la sensibilización sobre el papel trascendental de la mujer en la Iglesia, se precisa promover un protagonismo más amplio de las mujeres y un mayor reconocimiento de su aporte a la acción eclesial.

Hay que forjar comunidades inclusivas, donde todos y todas nos reconozcamos con igualdad de oportunidades y donde se trabaje en la promoción de la justicia y la denuncia de aquellas situaciones que discriminan e invisibilizan a las mujeres, incluyendo dentro de la propia Iglesia y el ejercicio de sus ministerios.

Se precisa la creatividad para proponer y realizar transformaciones a los modelos culturales y caminar hacia la concientización de la equidad de oportunidades entre hombres y mujeres, así la búsqueda es por una Iglesia sin poder ni privilegios, al servicio de los más pobres en donde las mujeres estemos activas, con iniciativas, incisivas porque jugamos un papel fundamental en la vida de la Iglesia y no estamos pidiendo ningún trato especial o diferenciado, lo que queremos es que se reconozca nuestro aporte y se valoren nuestros talentos y capacidades con la misma dignidad que a los hombres.

Urge que el aire fresco que está entrando por la ventana que ha abierto el Papa Francisco al plantear la posibilidad de recuperar el diaconado femenino y hacer una nueva teología femenina, se convierta en huracán que reavive y renueve los ministerios en la Iglesia, llevándose el olor a rancio y pasado que lamentablemente se percibe dentro de esta institución.

Hay esperanza de que haya una transformación dentro de la Iglesia porque son muchas las mujeres que han detonado y generado cambios a lo largo de varios siglos. La fuerza transformadora del Espíritu Santo será capaz de cambiar mentes y corazones para que un día, espero no muy lejano, mujeres y hombres podamos verdaderamente ser tratados con equidad, con la misma dignidad de sabernos hijos e hijas de un mismo Padre, que no hace diferencias y que nos ama por igual.

(Tomado de: radioevangelizacion.org)

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