logook

Logo Ntra Sra de la Compasion

Las Hnas. de Nuestra Señora de la Compasión, nos invitan a la celebración Eucarística por el Bicentenario de la Fundación de su Congregación.

Acompañémoslas con nuestras oraciones

 

JubileoEste sábado 7 de octubre se celebrará en Lima, la Ceremonia de Apertura del Jubileo por el Primer Centenario de la Fundación de la Congregación de las Hermanas Misioneras Dominicas del Rosario. La ceremonia comenzará a las 5:00 p.m., en el Convento del Patrocinio del Rímac, con una Santa Misa, que será presidida por Monseñor David Martínez de Aguirre Guinea, Obispo Vicario Apostólico de Puerto Maldonado.

Luego de la Eucaristía. Se realizará un paseo de antorchas, alrededor de la Alameda de los Descalzos, acompañado por la banda de músicos de la Policía Nacional del Perú, y también una presentación artística, en el patio central del Colegio “Nuestra Señora del Patrocinio”.

La Congregación de las Hermanas Misioneras Dominicas del Rosario nació en 1918, en la Amazonía peruana, junto al río Madre de Dios, gracias a la labor de Monseñor Ramón Zubieta, su fundador, fruto del Espíritu, del esfuerzo, y del amor que experimentaron por los pueblos originarios, de manera especial por las mujeres y la lucha por su dignificación. (Fuente: CEP)

nuevo logo mdrjpgLas Hnas. Misioneras Dominicas del Rosario de las Provincias de Santa Rosa y Santo Tomás de Aquino, invitan a la Ceremonia de Apertura del Jubileo por el 1er. Centenario de Fundación de su Congregación.

Papaconelclero«La vida consagrada comienza a corromperse por la falta de pobreza». El Papa Francisco lo afirmó en la catedral boloñesa de San Pedro, al reunirse, en este intenso día de visita a la capital de Emilia Romaña, con los sacerdotes, religiosos, seminaristas y diáconos locales. «Si una congregación pierde sus haberes, yo digo: “Gracias, Señor”».

También estaba presente monseñor Bettazzi, testigo histórico del Concilio Vaticano II, obispo emérito de Ivrea, pero boloñés por vía materna; fue ordenado sacerdote en la ciudad de Bolnia y ha vuelto a vivir allí en los últimos años. Francisco y Bettazzi bromearon juntos por algunos instantes antes de que comenzara el discurso papal. Y el arzobispo de Bolonia, monseñor Matteo Maria Zuppi, lo citó en su saludo a Francisco.

El Papa dijo que «es un consuelo estar con los que sacan adelante el apostolado de la Iglesia; los religiosos tratan de dar testimonio de anti-mundanidad».

El Pontífice escuchó dos preguntas: una sobre la fraternidad entre los sacerdotes y otra sobre la «psicología de la supervivencia». El Papa tomó apuntes mientras escuchaba y después respondió libremente.

Francisco afirmó: «A veces, bromeando entre religiosos diocesanos y no, los religiosos dicen: “Yo soy de la orden que fundó el santo tal...”, pero –se preguntó el Papa–, ¿cuál es el centro de la espiritualidad del presbítero? La diocesanidad». Ser presbíteros es «una experiencia de pertenencia, se pertenece a un cuerpo que es la diocesanidad».

Esto «significa que tú», sacerdote, religioso, «no eres un libre», no hay figuras de «libre», como en el fútbol. En cambio, «eres un hombre que pertenece a un cuerpo, que es la diocesanidad, el cuerpo presbiterial». Todo ello «lo olvidamos muchas veces, convirtiéndonos en individuos, demasiado solos, con el peligro de volvernos infecundos o de que nos surja algún nerviosismo, por no decir que nos volvemos un poco neuróticos, un poco solterones».

Un sacerdote «solo que no tiene relación con el cuerpo presbiterial... mah...», dijo con amargura. Entonces es importante «hacer que crezca el sentido de la diocesanidad, que también tiene una dimensión de sinodalidad con el obispo». El cuerpo diocesano «tiene una fuerza especial, debe salir adelante siempre con la transparencia, la virtud de la transpaerncia, la valentía de hablar, de decir todo». Y también con «la valentía de la paciencia, de soportar a los demás. Es necesario».

Sobre la valentía de hablar claro y sobre la opuesta comodidad de no exponerse, el Papa contó una anécdota: «Me acuerdo de cuando era estudiante de Filosofía, y un viejo jesuita muy listo me decía: “Si quieres sobrevivir en la vida religiosa, piensa claro, pero habla oscuro”».

Francisco observó que es «triste cuando un pastor no tiene horizonte del pueblo de Dios, no sabe qué hacer»; y es «muy triste cuando las iglesias permanecen cerradas, cuando se ve un aviso en la puerta: “Abierto de tal a tal hora”, por el resto del tiempo no hay nadie, las confesiones solo a pocas horas. Pero esta no es una oficina, es el lugar al que se viene a honrar al Señor, y si el fiel encuentra la puerta cerrada, ¿qué puede hacer?». Y después se refirió a «las iglesias de las calles transitadas, que permanecen cerradas: algún párroco alguna vez pensó en abrirlas, siempre con un confesor disponible: y el confesor no acababa nunca de confesar», por toda la gente que llegaba, porque «la puerta siempre está abierta» y la luz del confesionario siempre está encendida.

Después, el obispo de Roma habló de «dos vicios que están por todas partes». Uno es «pensar el servicio presbiterial como una carrera eclesiástica». Francisco se refirió a los «trepadores»: esos siempre son una «peste, no presbiterio. Los “trepadores”, que siempre tienen las uñas sucias, porque siempre quieren ir para arriba. Un trepador es capaz de crear muchas discordias dentro del cuerpo presbiterial; piensa en la carrera: “Ahora me dan esta parroquia, luego me van a dar una más grande”, y si el obispo no le da una lo bastante importante, se enoja: “A mí me toca...”. ¡A ti no te toca nada!», exclamó. Después añadió: «Los trepadores hacen mucho daño, porque están en la comunidad pero solo piensan en salir adelante ellos».

El otro vicio: «El chismorreo: se dice “¿Ya viste?”, y así la fama del hermano sacerdote acaba manchada, se arruina. “Gracias a Dios que no soy como aquel”, esta es la música del chismorreo».

El carrerismo y el chismorreo son dos vicios del «clericalismo».

En cambio, un pastor está llamado a una «buena relación con el pueblo de Dios, frente al que debe estar para indicarle el camino»; debe estar «en medio» de él «para ayudar» sobre todo «en las obras de caridad; y detrás para ver cómo va».

Creer en la «“psicología de la superviviencia” –prosiguió– significa esperar la carroza fúnebre, que lleva a nuestro instituto» a la clausura. Creer en la psicología de la supervivencia conduce «al cementerio». Se trata de «pesimismo, y no es de hombres y mujeres de fe, no es actitud evangélica, sino de derrota». Y mientras «esperamos la carroza, nos las arreglamos como podemos, y tomamos dinero para estar al seguro. Esto lleva a la falta de pobreza». La psicología de la supervivencia es «buscar la seguridad en el dinero; se razona, se escucha a veces: “En nuestro instituto somos viejas y no hay vocaciones, pero tenemos bienes para asegurarnos el final”, este es el camino más adecuado para llevarnos a la muerte». La seguridad «en la vida consagrada no la da la abundancia del dinero, sino que proviene de otra parte», de Dios. Algunas congregaciones «que disminuyen mientras sus bienes crecen, con religiosos apegados al dinero como seguridad: he aquí la psicología de la supervivencia».

El problema no está tanto «la castidad o la obediencia, sino en la pobreza. La vida consagrada comienza a corromperse por la falta de pobreza».

San Ignacio de Loyola «llamaba a la pobreza madre y muro en la vida religiosa: madre que genera y muro que defiende de la mundanidad».

Sin esta actitud que busca la pobreza y el desinterés, no se «apuesta por la esperanza divina». El dinero «es la ruina de la vida consagrada».

Pero Dios es bueno, «porque cuando una congregación comienza a hacer dinero, manda a un ecónomo que destruye todo». Reveló el Papa sonriendo: «Cuando escucho que una congregación pierde sus haberes, yo digo “Gracias, Señor”».

El Papa exhortó a un «examen de conciencia sobre la pobreza, tanto personal como del instituto».

Sobre la falta de vocaciones, hay que «preguntarle al Señor: “¿Qué pasa en mi instituto? ¿Por qué falta esa fecundidad? ¿Por qué los jóvenes no sienten entusiasmo por el carisma de mi instituto? ¿Por qué ha perdido la capacidad de llamar?».

Según Francisco, el «corazón» del problema es «la pobreza».

Y concluyó animándolos a todos: «la vida consagrada es una bofetada a la mundanidad espiritual. Sigan adelante».

Fuente: lastampa.it

Hermanas de la MisericordiaMovida por la misericordia de Dios, una mujer irlandesa, Catalina McAuley, en 1931, solicitó y obtuvo la aceptación de la iglesia para su misión como “religiosa activa”. Servía a la gente pobre, enferma y sin educación, con una preocupación especial por las mujeres y por los niños y las niñas. Ahora las Hermanas de la Misericordia, se dedican a esta misión en muchas partes del mundo, uno de estos lugares es Chimbote.

LLEGADA A CHIMBOTE

El día 30 de junio de 1967, cuatro Hermanas de la Misericordia de Pittsburg (USA) llegaron a Chimbote. Las hermanas Idelfonsa, Benedicta, Walter y Annunciata (Ann Dirscoll) fueron bien recibidas en la comunidad de la parroquia Virgen de la Puerta; donde trabajaron como maestra, directora de una cuna, enfermera y trabajadora social.

Seis años después, la congregación ofreció ayudar al padre Raúl Clark en la evangelización y las obras de bienestar en la parroquia Santa Teresa de Ávila. Luego, las hermanas extendieron su misión en Bellamar en 1988, y a Villa María en 1997. Actualmente continúan en la parroquia Bellamar.

A lo largo de 50 años, las Hermanas de la Misericordia se han dedicado a servir al pueblo chimbotano; a través de la educación en colegios y en otros espacios no escolarizados, en la pastoral parroquial y social, la salud con las visitas enfermas. Promovieron por muchos años un centro de medicina complementaria, con actividad a favor de la dignidad y el desarrollo de las mujeres en La Casa de la Mujer, institución fundada por la hermana Betty Carroll.

Desarrollaron el Proyecto de Agua Limpia para Chimbote, que apoyaba el liderazgo de las mujeres, siendo ellas la base para cumplir las principales acciones de este proyecto.

En los últimos años, laboraron en el Hospicio Santiago Apóstol. Allí estuvieron sirviendo a las personas con enfermedades terminales. Han ofrecido sus dones a mujeres de los nuevos pueblos formados en la arena, en el sur de Chimbote, como Villa Universitaria y Doña Victoria.

La hermana Blanca Quintana Balladares está aquí desde el 2007, nació en Tumbes y es psicóloga de profesión. Actualmente es la única que se encuentra en Chimbote, pero sigue trabajando con mujeres empobrecidas y sin educación, con niños y niñas. Su proyecto “Creciendo con esperanza y alegría” está obteniendo resultados; ya que hay más niños y niñas con mucha iniciativa, liderazgo, que se va formando en los valores evangélicos.

Ella manifestó sentirse apasionada por el empoderamiento de las mujeres, y de crear espacios para niñas y niños, en donde pueden encontrar misericordia y esperanza. Por ello, la presencia de las Hermanas de la Misericordia continúa en Santa Rosa del Sur, Lomas del Sur y alrededores.

LA CELEBRACIÓN
Para agradecer la labor realizada por las Hermanas de la Misericordia en la Diócesis de Chimbote, en estos 50 años, se celebró una misa y ceremonia, el pasado 24 de setiembre, en la parroquia María Estrella del Mar. La misa estuvo presidida por el obispo de Chimbote, monseñor Ángel Francisco Simón Piorno; y se contó con la presencia de hermanas que laboran en otras partes del mundo, religiosas de otras congregaciones y decenas de fieles de diversas parroquias.

“Por toda la historia construida a lo largo de estos 50 años, mi corazón está henchido de gratitud hacia Chimbote que nos ha tratado de lo mejor y seguiremos trabajando arduamente para lograr las metas trazadas”, manifestó la hermana Blanca. (Colaboración: Fernanda Rivera Peña – Comunicadora social)

VER FOTOS

Gesto de amorVolver a partir desde la Palabra de Dios “que ilumina el origen de la vida y su destino” para enfrentar el desafío contemporáneo “que interpela al humanismo planetario, en referencia a los recientes desarrollos tecnológicos de las ciencias de la vida”: fue la invitación del Papa Francisco el jueves a los participantes en la Asamblea General de los Miembros de la Pontificia Academia para la Vida, recibidos en audiencia. El tema de la sesión de este año es: “Acompañar la vida. Nuevas responsabilidades en la era tecnológica”: argumento actual observó el Papa, y que coloca desafíos antes impensables y urgentes de enfrentar. El Obispo de Roma invitó a aclarar al respecto, para contrastar el riesgo de una cultura “centrada obsesivamente sobre la soberanía del hombre”.

La fe cristiana nos empuja a retomar la iniciativa, rechazando toda concesión a la nostalgia y al lamentarse. La Iglesia, por lo demás, cuenta con una vasta tradición de mentes generosas e iluminadas, que han abierto caminos para la ciencia y la consciencia de su época. El mundo necesita de creyentes que, con seriedad y alegría, sean creativos y propositivos, humildes y valientes, resueltamente determinados a recomponer la fractura entre las generaciones. Esta fractura interrumpe la transmisión de la vida. De la juventud se exaltan los potenciales: pero ¿quién los guía al cumplimiento de la edad adulta? La condición adulta es una vida capaz de responsabilidad y amor, ya sea hacia la generación futura, que hacia aquella pasada. La vida de los padres y de las madres en edad avanzada se espera sea honrada por aquello que ha dado generosamente, no que sea descartada por aquello que no tiene más.

Una teología de la Creación y de la Redención que sepa traducirse en las palabras y en los gestos del amor para cada vida y por toda la vida, aparece necesaria hoy más que nunca para acompañar el camino de la Iglesia en el mundo en el que ahora vivimos, continuó notando el Pontífice, recordando que la Encíclica Laudato si’ es como un manifiesto de esta reanudación de la mirada de Dios y del hombre sobre el mundo, partiendo del gran relato de revelación que nos es ofrecido en los primeros capítulos del Libro del Génesis.

Ahí se dice que cada uno de nosotros es una creatura querida y amada por Dios, non solamente un ensamblaje de células bien organizadas y seleccionadas en el transcurso de la evolución de la vida. La entera creación está inscrita en el amor especial de Dios por la creatura humana, que se extiende a todas las generaciones de madres, padres y de sus hijos.

El Santo Padre acotó que se trata de una “revolución cultural” a la que la Iglesia está llamada a contribuir, colmando y reconociendo “honestamente los retrasos y las faltas”. “Las formas de subordinación”, puntualizó el Papa, “que han marcado tristemente la historia de las mujeres deben ser definitivamente abandonadas”. Escribir un comienzo nuevo, significa volver a partir de “una renovada cultura de la identidad y de la diferencia”:

"La utopía del neutro remueve ya sea la dignidad humana de la constitución sexualmente diferente, que la cualidad personal de la transmisión generativa de la vida. La manipulación biológica y psíquica de la diferencia sexual, que la tecnología biomédica deja entrever como completamente disponible a la elección de la libertad - ¡mientras no lo es! – arriesga el desmantelar la fuente de energía que alimenta la alianza del hombre y de la mujer y la hace creativa y fecunda".

Fuente: radiovaticana.va

agendaCONFER

Retiros CRP

lampadaaccesa2

eventos

Copyright © 2017 CRP - Conferencia de Religiosas y Religiosos del Perú. Todos los derechos reservados.
Calle Torre Tagle 2461, Pueblo Libre, Lima - Perú - Teléfono: (+51) (01) 261-2608 - Desarrollado por Cecopros