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franciscoJóvenes, niños y ancianos, procedentes de todos los rincones del mundo, han acudido hoy a la plaza de San Pedro para la cita semanal con el santo padre Francisco en la audiencia general. Como cada miércoles, el Francisco ha salido a la plaza en el papamóvil para pasar cerca de los fieles allí reunidos. Despertando el entusiasmo y la alegría de los peregrinos, el Pontífice ha bendecido y saludado a los presentes.

En la catequesis de esta semana, el Santo Padre ha reflexionado sobre la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro, que “presenta dos modos de vivir que se contraponen”. Así, en el resumen hecho en español ha recordado que “el rico disfruta de una vida de lujo y derroche” en cambio, “Lázaro está a su puerta en la más absoluta indigencia, y es una llamada constante a la conversión del opulento, que este no acoge”.

La situación –ha observado– se invirtió para ambos después de la muerte. De este modo, ha subrayado que “el rico fue condenado a los tormentos del infierno, no por sus riquezas, sino por no compadecerse del pobre”. En su desgracia, ha añadido, pidió ayuda a Abrahán, con quien estaba Lázaro. “Pero su petición no pudo ser acogida, porque la puerta que separaba al rico del pobre en esta vida se había transformado después de la muerte en un gran abismo”, ha aseverado el Santo Padre.

Así, ha concluido indicando que esta parábola “nos enseña que la misericordia de Dios con nosotros está estrechamente unida a la nuestra con el prójimo” y “cuando falta nuestra misericordia con los demás, la de Dios no puede entrar en nuestro corazón cerrado”. Dios –ha precisado el Santo Padre– quiere que lo amemos a través de aquellos que encontramos en nuestro camino.

A continuación, el papa Francisco ha saludado a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. De este modo, les ha invitado a no perder la oportunidad, que se presenta constantemente, “de abrir la puerta del corazón al pobre y necesitado, y a reconocer en ellos el rostro misericordioso de Dios”.

Después de los saludos en las distintas lenguas, el Pontífice ha dirigido unas palabras a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. A los jóvenes les ha invitado a que aprendan de san Francisco de Paola que “la humildad es fuerza y no debilidad”. A los enfermos les ha solicitado que no se cansen de “pedir en la oración la ayuda del Señor especialmente en la dificultad”. Finalmente ha exhortado a los recién casados a que compitan como los santos en el estimarse y ayudarse el uno al otro.

Fuente: zenit.org

libropastoral«Apuntes para una pastoral de la comunicación hoy. Los desafíos del nuevo ambiente digital» es el título de la última obra de Ariel Beramendi, sacerdote responsable para América Latina en la nueva Secretaría para la Comunicación de la Santa Sede. La obra fue publicada en Colombia por la Editorial PPC. A lo largo de 172 páginas, el autor analiza la situación de la Pastoral de la Comunicación para proponer algunos criterios que ayuden a proyectar una estrategia de comunicación desde el interior de la Iglesia y no asumir “recetas de laboratorio”.

El P. Beramendi subraya que se trata de un libro divulgativo, pues está inspirado en la investigación que realizó para conseguir el doctorado en teología pastoral de la comunicación en la Universidad Lateranense de Roma.
El prólogo del libro lleva la firma del Prefecto de la nueva Secretaría para la Comunicación del Vaticano, Mons. Eduardo Viganò, que dirigió la investigación mientras era docente en la universidad.

En el prólogo, Viganò destaca que la obra presenta de manera cronológica y sistemática la enseñanza de la Iglesia sobre la comunicación, ilustrando también la reflexión del episcopado latinoamericano sobre el tema de la comunicación, a través de sus Asambleas Generales; también se evidencia la reflexión eclesiológica que ilustra que a cada modelo eclesiológico le corresponde un modelo de comunicación.

Este manual de pastoral de la comunicación aterriza en la realidad colombiana, ya que el P. Beramendi reconstruye la actividad eclesial en el ámbito de la comunicación, a través de la investigación directa, el relevamiento de datos online y sobre todo desde los informes que los obispos enviaron al Vaticano antes de realizar su visita ad limina en el año 2012.

Precisamente el análisis de esta documentación de primera mano representa una de las novedades de la obra porque logra reconstruir una “fotografía” de la pastoral de la durante la primera década de este nuevo milenio, y desde la perspectiva de los mismos obispos, que luego fue analizada desde el paradigma de comunicación digital.

El sacerdote boliviano aclara que se detuvo sobre la realidad de Colombia porque proporcionalmente a su extensión geográfica, es el país con el más alto porcentual de católicos, diócesis y agentes pastorales de Sudamérica: “No es una casualidad que el CELAM esté en Colombia y no en otro país” afirma Beramendi, que está convencido que este país sudamericano gracias a su biodiversidad geográfica y cultural es una realidad representativa dentro de la Iglesia de América Latina y el Caribe.
Finalmente Beramendi concluye que en el nuevo ambiente comunicativo, marcado por la convergencia digital, en el que se facilita la comunicación en red, es necesario enfatizar la idea de que la digitalización no es sinónimo de adquisición de tecnología, sino de cultura de uso y de saber “estar presente” en los nuevos espacios de comunicación, con una mentalidad abierta al continuo aggiornamento pastoral.

Fuente: Tomado de facebook.com/news.va.es

JornadamundialmisiioneraQueridos hermanos y hermanas:

El Jubileo extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016: nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material. En efecto, en esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a «salir», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familiahumana.

En virtud del mandato misionero, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor. Ella «tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio» (Bula Misericordiae vultus, 12), y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.

La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos (cf. Dt 4,31; Sal 86,15; 103,8; 111,4).

Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jr 31,20). El término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144.8-9).

La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado. Él revela el rostro del Padre rico en misericordia, «no sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica» (Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 2). Con la acción del Espíritu Santo, aceptando y siguiendo a Jesús por medio del Evangelio y de lossacramentos, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial, aprendiendo a amar como él nos ama y haciendo que nuestra vida sea una ofrenda gratuita, un signo de su bondad (cf. Bula Misericordiae vultus, 3). La Iglesia es, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo: siempre se siente mirada y elegida por él con amor misericordioso, y se inspira en este amor para el estilo de su mandato, vive de él y lo da a conocer a la gente en un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas.

Muchos hombres y mujeres de toda edad y condición son testigos de este amor de misericordia, como al comienzo de la experiencia eclesial. La considerable y creciente presencia de la mujer en el mundo misionero, junto a la masculina, es un signo elocuente del amor materno de Dios. Las mujeres, laicas o religiosas, y en la actualidad también muchas familias, viven su vocación misionera de diversas maneras: desde el anuncio directo del Evangelio al servicio de caridad. Junto a la labor evangelizadora y sacramental de los misioneros, las mujeres y las familias comprenden mejor a menudo los problemas de la gente y saben afrontarlos de una manera adecuada y a veces inédita: en el cuidado de la vida, poniendo más interés en las personas que en las estructuras y empleando todos los recursos humanos y espirituales para favorecer la armonía, las relaciones, la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración y la fraternidad, ya sea en el ámbito de las relaciones personales o en el más grande de la vida social y cultural; y de modo especial en la atención a los pobres.

En muchos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa, a la que el trabajo misionero le dedica esfuerzo y tiempo, como el viñador misericordioso del Evangelio (cf. Lc 13.7-9; Jn 15,1), con la paciencia de esperar el fruto después de años de lenta formación; se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados. La Iglesia puede ser definida «madre», también por los que llegarán un día a la fe en Cristo. Espero, pues, que el pueblo santo de Dios realice el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a que los pueblos que todavía no conocen al Señor lo encuentren y lo amen. En efecto, la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo. A los discípulos de Jesús, cuando van por los caminos del mundo, se les pide ese amor que no mide, sino que tiende más bien a tratar a todos con la misma medida del Señor; anunciamos el don más hermoso y más grande que él nos ha dado: su vida y su amor.

Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos. Esto es más necesario todavía si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz. El mandato del Evangelio: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20) no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva «salida» misionera, como he señalado también en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium: «Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (20).

En este Año jubilar se cumple precisamente el 90 aniversario de la Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe y aprobada por el Papa Pío XI en 1926. Por lo tanto, considero oportuno volver a recordar la sabias indicaciones de mis predecesores, los cuales establecieron que fueran destinadas a esta Obra todas las ofertas que las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos eclesiales de todo el mundo pudieran recibir para auxiliar a las comunidades cristianas necesitadas y para fortalecer el anuncio del Evangelio hasta los confines de la tierra. No dejemos de realizar también hoy este gesto de comunión eclesial misionera. No permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensanchemos para que abarque a toda la humanidad.

Que Santa María, icono sublime de la humanidad redimida, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos, hombres, mujeres y familias, a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado, que renueva y colma de gozosa misericordia las relaciones entre las personas, las culturas y los pueblos

Francisco

Fuente: celam.org

santisimatrinidadCon una Eucaristía de Acción de Gracias, las Hermanas Josefinas de la Santísima Trinidad, celebrarán los 25 años de la presencia en el Perú. La Santa Misa se oficiará el próximo sábado 28 de mayo, a las 5:00 p.m., en la Parroquia Santísima Trinidad, ubicado en Jr. Pedro Pascual Farfán 1263 – Urb. La Trinidad, en Lima.

Sacerdotes El papa Francisco abrió este lunes en el Vaticano, los trabajos de la 69° asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), que se prolongarán hasta el 19 de mayo. Quien esperaba un discurso relacionado a los problemas nacionales habrá quedado desilusionado, porque el Papa no abordó el tema de la nueva ley sobre uniones civiles, ni habló sobre la recepción de los inmigrantes, sino que les recordó cómo debe ser el perfil de un buen sacerdote. O sea, un hombre de paz siempre disponible. Nunca un burócrata o un funcionario anónimo, que no se escandaliza cuando el las personas son frágiles. Y citando las estructuras y los bienes económicos invitó a “mantener solamente lo que sirve para la experiencia de fe y de caridad del pueblo de Dios”.

Después de la oración inicial y del canto del Veni Creator, el Pontífice ha partido de la premisa que “sin el Espíritu Santo no existe posibilidad de vida buena ni de reforma” e invitó a mirar el rostro “de uno de los tantos párrocos que se consumen en nuestras comunidades” para entender qué le da sabor su la vida, por qué se empeña en el servicio, y cuál es la razón última de su donación.

A los obispos reunidos en el Aula Nueva del Sínodo señaló la figura de “Moisés que se acercó al fuego y dejó que las llamas quemaran su ambición de carrera y poder”. Descalzo, sin escandalizarse por las fragilidades humanas, consciente de ser como el paralítico curado, distante de la frialdad del rigorista, con el aceite de la esperanza y de la consolación se vuelve próximo de todos y dispuesto a compartir el abandono y el sufrimiento.

“Así nuestro sacerdote no es un burócrata o un anónimo funcionario de la institución; no está consagrado a un rol de empleado, no está movido por los criterios de la eficiencia”. Además “sabe que el amor es todo. No busca seguridades terrenas o títulos honoríficos que llevan a confiar en el hombre; no pide nada para sí en el ministerio que vaya más allá de su real necesidad, ni está preocupado de atar a sí a las personas que le han sido confiadas”.

“Su estilo de vida –prosigue el Santo Padre– simple y esencial, siempre disponible, lo vuelve creíble a los ojos de la gente y lo acerca a los humildes, en una caridad pastoral que los vuelve libres y solidarios”.

Tiene que ser un siervo que se ha vuelto rico por frecuentar a los pobres, “un hombre de paz y de reconciliación, un signo y un instrumento de la ternura de Dios, atento a difundir el bien con la misma pasión con la cual los otros se ocupan de sus intereses”.

Para entender por quién de empeña un presbitero, parte, señala el Santo Padre, de la “participación que tiene en la Iglesia, de una comunidad concreta con la cual comparte el camino”. Y esta pertenencia “es la sal de la vida del presbítero”. Y en esta época pobre de amistad social “nuestra primera tarea es construir comunidad”.

También es fundamental vivir el sacerdocio, no de manera ocasional o por una colaboración instrumental, sino libre de narcisismos y de los celos clericales, que haga crecer la estima, el apoyo, la benevolencia recíproca y la fraternidad concreta.

En la reflexión sobre la renovación del clero el Papa les ha señalado la gestión de las estructuras de los bienes económicos: “En una visión evangélica eviten de volverse pesados en una pastoral de conservación que se vuelve obstáculo a la apertura a la perenne novedad del Espíritu. Mantengan solamente lo que pueda servir para la experiencia de fe y de caridad del pueblo de Dios”.

Y sobre la razón última del donarse señaló que quienes quieren calcular todo son los más infelices. Porque el buen presbítero “con sus límites, es uno que se juega hasta el fondo” y se ofrece con gratuidad, humildad y alegría”.

El Santo Padre concluyó señalando que la triple pertenencia es al Señor, a la Iglesia y al Reino. Y que con ellos reza “a la Virgen Santa para que lleven el servicio que les fue confiado y con el cual participan al misterio de la Madre Iglesia”.

Fuente:zenit.org

Bodasdeplata1Con gran alegría y gratitud al Señor, las Hermanas Misioneras Dominicas de San Sixto celebraron 25 años de su presencia y servicio evangelizador en la Arquidiócesis de Piura.

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