logook

Flores Don de ConsejoPor el don de Consejo, el Espíritu “ilumina nuestro corazón y nos hace comprender el modo justo de hablar y de comportarse, el camino a seguir” (Francisco).

¡Cómo necesitamos el equilibrio en el hablar y en el callar! De ello depende que se haga bien o que se hiera y hasta se mate. Las palabras pueden edificar o destruir. Quien ha recibido el don de Consejo edifica, construye, toma decisiones correctas, guarda la equidistancia justa ante los problemas, sin inclinarse de manera partidista.

El don de Consejo libera de los posibles chantajes, de las insinuaciones tendenciosas, de los prejuicios, de las ideas preconcebidas, de las afecciones interesadas, y concede la libertad para actuar según Dios.

Dicen que los santos hablaban con Dios o de Dios, y que la razón de hablar o de callar no debiera ser otra que el amor. Quien habla por desahogo y quien calla por enfado no actúa con el consejo del Espíritu, que es amor.

Cuando se debe tomar una decisión importante, normalmente se acude a personas amigas para objetivar la determinación. Sin evitar el consejo de los maestros, la fe nos lleva al mejor  recurso: acudir al Espíritu Santo, Consejero y Amigo del alma.

Es muy fácil equivocarse en lo que se refiere a decisiones significativas que implican despojo. La naturaleza tiende a la conservación, y dicta desde una sabiduría biológica la elección determinante, aquello que va mejor con el deseo afectivo natural. El Espíritu, por el don de Consejo, puede sin embargo dictar opciones aparentemente contrarias al deseo, como es iniciar o continuar unos pasos evangélicos.

El Evangelio tipifica como contrarios lo que dictan la carne y la sangre, y lo que dice el Espíritu. Y de ello depende que el fiel avance por el sendero según Dios, o que se estanque en la mediocridad.

Es bueno acudir a los maestros espirituales, y seguir los consejos de quienes son mediación providente en el camino. La Iglesia, en los momentos trascendentes, pide la ayuda del Espíritu Santo para que sean sus inspiraciones las que muevan la mente y el corazón de quienes tienen responsabilidad.

El Espíritu instruye a los que se le encomiendan, y aun de noche aconseja a sus fieles. Así sabemos que le sucedió a José, el esposo de María, cuando de noche, en sueños, se le aconsejaba qué pasos debía dar.

En momentos cruciales, la Santa acude a los consejeros, aunque a quien tiene por verdadero Consejero es al Señor. “También me mandan, si se ofreciere ocasión, trate algunas cosas de oración y del engaño que podría haber para no ir más adelante las que la tienen. En todo me sujeto a lo que tiene la madre santa Iglesia Romana, y con determinación que antes que venga a vuestras manos, hermanas e hijas mías, lo verán letrados y personas espirituales” (Fundaciones, Prólogo 6).

Flores Don de SabiduríaEl don de Sabiduría es “ver todo con los ojos de Dios” (Francisco).

Jesús, como el ciego de Jericó, te pido ver la realidad como Tú la ves. Al comprobar cómo cada uno de los que has curado de ceguera te confesaron Mesías y Señor, y algunos te siguieron y dieron testimonio de ti a pesar del riesgo que suponía ser de tus discípulos, sé que tu intervención con los invidentes fue más allá de devolverles la visión física de la realidad.

Jesús, como María Magdalena, muchas veces doy vueltas sin parar, y no acabo de reconocerte a pesar de tenerte delante en tantas personas y acontecimientos. Y como sucedió con los discípulos de Emaús, cabe que camines a mi lado y te confunda con un cualquiera.

Siempre me sorprenden los relatos de Pascua en los que te haces presente a los tuyos y ellos no te reconocen, hasta que les abres los ojos y te profesan como su Señor y su Dios, como hizo Santo Tomás.

Señor Jesús, envíame el don de Sabiduría, para que comprenda y reconozca tu paso por mi vida, tantas veces a través de mediaciones humanas, y que por ofuscación o falta de luz teologal interpreto y valoro con mi visión intrascendente.

¡Qué distinto es saber interpretar todo a la luz del don de Sabiduría! Para quien tiene los ojos abiertos por el Espíritu nada es casual, ni carente de sentido, todo tiene un valor trascendente, todo sabe a Dios, ¡todo lleva a Él!

Necesito, Señor, tu luz en mis ojos, para que sepa reinterpretar hasta lo más opaco en luminoso. Como los artistas que ven en la materia la virtualidad de la belleza, el volumen capaz de revelar una escultura preciosa, que sepa ver el amor divino que me rodea en todo lo que acontece.

Los ojos y la mirada de quien tiene el don de Sabiduría son transparentes, brillantes, limpios, sagaces, intuitivos, amorosos, confiados, ven y creen; ven y perciben; ven y se compadecen; ven y se hacen conscientes de la presencia divina que lo penetra todo, lo invade todo, lo envuelve todo.

Señor, derrama sobre nosotros tu Espíritu de Sabiduría, para que caminemos a la luz de tu rostro, y sepamos avanzar por el camino luminoso que nos dicta la Sabiduría divina, que no es otro que el camino de Cruz. “Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1 Co 1, 23-24).

“Aquí viene bien el acordarnos cómo lo hizo con la Virgen nuestra Señora con toda la sabiduría que tuvo, y cómo preguntó al ángel: ¿Cómo será esto? En diciéndole: El Espíritu Santo sobrevendrá en ti; la virtud del muy alto te hará sombra, no curó de más disputas. Como quien tenía tan gran fe y sabiduría, entendió luego que, interviniendo estas dos cosas, no había más que saber ni dudar. No como algunos letrados…” (Los Conceptos del Amor de Dios 6, 7).

¡Ven, Espíritu Santo, y concédenos el Don de Sabiduría!

flores Don de EntendimientoEl don de Entendimiento “nos hace capaces de escrutar el pensamiento de Dios y su plan de salvación” (Francisco).

¡Qué fácil es equivocarse y hacer de la propia voluntad la razón de actuar, cuando tantas veces nos regimos por lo más inmediato, afectivo y sensible o por lo económico!

¿Cómo lograr, Señor, conformar la vida con tu querer y con tu plan de salvación? ¿Cómo ser colaborador de tus designios de amor, de tu voluntad salvadora para con todos los hombres?

¡Es tan fácil llevar el agua al molino propio, justificándonos en ideologías, códigos, leyes e intereses! En cambio, quienes poseen el don de Entendimiento aciertan a no tener otro querer que el querer divino, y a poner siempre la voluntad de Dios por encima del propio deseo.

Me descubro un tanto primario, llevando a cabo lo que me gusta, por lo que siento atractivo, cuando quizá debería pararme a pensar si es eso lo que quiere el Señor de mí. ¡Cómo ilumina la forma de actuar de quienes no se dejan llevar por los afectos, ni por la coincidencia ideológica, sino que intentan ser consecuentes con lo que juzgan más recto y justo!

Hay un modo de actuar que procede del Espíritu, que es abrazar los acontecimientos como portadores de semillas divinas. Solo quien tiene el don de Entendimiento lo descubre y aprecia, hasta el extremo de que elevan la historia, todo lo que sucede, a una dimensión superior y trascendente, y no queda atrapado por la fatalidad, o el accidente, sino que todo le sabe a Dios. Y no porque todo sea bueno, sino porque todo lo interpreta como posibilidad teologal, circunstancia propicia para hacer el bien.

El don de Entendimiento se aparta del dogmatismo ideológico, de la cerrazón partidista, de la ceguera afectiva, de la sinrazón emotiva, de la memoria herida, de la obsesión moralista, y se abre en todo, al menos a un quizás, a una pregunta, que le lleva a comprender lo que Dios quiere.

El don de Entendimiento da fuerza para abandonar, si es preciso, el propio criterio por seguir lo que se discierne que es de Dios; hace posible superar el propio querer, para pedir, sin miedo, que se haga lo que Dios quiere. Conduce al abandono de la propia voluntad en la voluntad divina, sabiendo que con ello no se evade de la responsabilidad, sino que se colabora del mejor modo con la vocación a la que se es llamado.

A veces cabe confundir lo material con lo espiritual y al revés, con capa de inteligencia. Dice Jesús: “¿También vosotros estáis todavía sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado? En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre” (Mt 15, 16-18). Y santa Teresa, sin enfrentarse a los letrados, afirma: “Porque les parece que como esta obra toda es espíritu, que cualquier cosa corpórea la puede estorbar o impedir; y que considerarse en cuadrada manera, y que está Dios de todas partes y verse engolfado en El, es lo que han de procurar.  Esto bien me parece a mí, algunas veces; mas apartarse del todo de Cristo y que entre en cuenta este divino Cuerpo con nuestras miserias ni con todo lo criado, no lo puedo sufrir” (Vida  22, 1).

nubes con mensaje del amor de DiosJn 15, 9-17
El evangelio de hoy es continuación del que leímos el domingo pasado. Sigue explicando, en qué consiste esa pertenencia del cristiano a la vid. Poniendo como modelo su unión con el Padre, va a concretar Jesús lo que constituye la esencia de su mensaje. Ya sin metáforas ni comparaciones, nos coloca ante la realidad más profunda del mensaje evangelio: El AMOR, que es a la vez la realidad que nos hace humanos
Juan pone en boca de Jesús la seña de identidad que tienen que distinguir a los cristianos. Es el mandamiento nuevo, por oposición al mandamiento antiguo, la Ley. Queda establecida la diferencia entre las dos alianzas. Jesús no manda amar a Dios ni amarle a él, sino amar como él ama. En realidad no se trata de una ley, sino de una consecuencia de la Vida de Dios y que en Jesús se ha manifestado contundentemente. Nuestro amor será "un amor que responde a su amor" (Jn 1,16). El amor, que pide Jesús tiene que surgir de dentro, no imponerse desde fuera.
Juan emplea la palabra "agape". Los primeros cristianos emplearon ocho palabras, para designar el amor: agape, caritas, philia, dilectio, eros, libido, stergo, nomos. Ninguna de ellas excluye a las otras, pero solo el "agape" expresa el amor sin mezcla alguna de interés personal. Sería el puro don de sí mismo, solo posible en Dios. Al emplear ayamate (amaos), está haciendo referencia a Dios, es decir, al grado más elevado de don de sí mismo. No está hablando de amistad o de una "caridad". Se trata de desplegar una cualidad exclusiva de Dios. Se nos está pidiendo que amemos con el mismo amor de Dios.
Dios demostró su amor a Jesús con el don de sí mismo. Jesús está en la misma dinámica con los suyos, es decir, les manifiesta su amor hasta el extremo. El amor de Dios es la realidad primera y fundante. Juan lo ha dejado bien claro en la segunda lectura: "En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó". Descubrir esa realidad y vivirla, es la principal tarea del que sigue a Jesús. Es ridículo seguir enseñando que Dios nos ama si somos buenos y nos rechaza si somos malos.
Hay una diferencia que tenemos que aclarar. Dios no es un ser que ama. Es el amor. En Él, el amor es su esencia, no una cualidad como en nosotros. Yo puedo amar o dejar de amar. Si Dios dejara de amar un solo instante, dejaría de existir. Dios manifiesta su amor a Jesús, como me lo manifiesta a mí. Pero no lo hace como nosotros. No podemos esperar de Dios "muestras puntuales de amor", porque no puede dejar de demostrarlo un instante. Jesús, que es hombre, sí puede manifestar el amor de Dios, amando como Él amaría y obrando como Él obraría si fuera un ser humano.
Otra consecuencia decisiva de la idea de Dios, que Juan intenta trasmitirnos, es que, hablando con propiedad, Dios no puede ser amado. Él es el amor con el que yo amo, no el objeto de mi amor. Aquí está la razón por la que Jesús se olvida del primer mandamiento de la Ley: "amar a Dios sobre todas las cosas". Juan comprendió perfectamente el problema, y deja muy claro que solo hay un mandamiento: amar a los demás, no de cualquier manera, sino como Jesús nos ha amado. Es decir, manifestar plenamente ese amor que es Dios, en nuestras relaciones con los demás.
No se puede imponer el amor por decreto. Todos los esfuerzos que hagamos por cumplir un "mandamiento" de amor, está abocado al fracaso. El esfuerzo tiene que estar encaminado a descubrir a Dios que es amor dentro de nosotros. Todas las energías que empleamos en ajustarnos a una programación, tienen que estar dirigidas a tomar conciencia de nuestro verdadero ser. En el fondo, se nos está diciendo que lo primero para un cristiano es la experiencia de Dios. Solo después de un conocimiento intuitivo de lo que Dios es en mí, podré descubrir los motivos del verdadero amor.
El amor del que nos habla el evangelio es mucho más que instinto o sentimiento. A veces tiene que superar sentimientos e ir más allá del instinto. Esto nos despista y nos lleva a sentirnos incapaces de amar. Los sentimientos de rechazo a un terrorista o a un violador, pueden hacernos creer que nunca llegaré a amarle. El sentimiento es instintivo y anterior a la intervención de nuestra voluntad. El amor va más allá del sentimiento. La verdadera prueba de fuego del amor es el amor al enemigo. Si no llego hasta ese nivel, todos los demás amores que pueda desplegar, son engañosos.
El amor no es sacrificio ni renuncia, sino elección gozosa. Esto que acaba de decirnos el evangelio, no es fácil de comprender. Tampoco esa alegría de la que nos habla Jesús es un simple sentimiento pasajero; se trata de un estado permanente de plenitud y bienestar, por haber encontrado tu verdadero ser y descubrir que ese ser es inmutable. Una vez que has descubierto tu ser luminoso e indestructible, desaparece todo miedo, incluido el miedo a la muerte. Sin miedo no hay sufrimiento. Surgirá espontáneamente la alegría, que es nuestro estado natural.
Solo cuando has descubierto que lo que realmente eres, no puedes perderlo, estás en condiciones de vivir para los demás sin límites. El verdadero amor es don total. Si hay un límite en mi entrega, aún no he alcanzado el amor evangélico. Dar la vida, por los amigos y por los enemigos, es la consecuencia lógica del verdadero amor. No se trata de dar la vida biológica muriendo, sino de poner todo lo que somos al servicio de los demás.
Ya no os llamo siervos. No tiene ningún sentido hablar de siervo y de señor. Más que amigos, más que hermanos, identificados en el mismo ser de Dios, ya no hay lugar ni para el "yo" ni para lo "mío". Comunicación total en el orden de ser, en el orden del obrar y en el orden del conocer. Jesús se lo acaba de demostrar poniéndose un delantal (vestido de siervo) y lavándoles los pies. La eucaristía nos dice exactamente lo mismo: Yo soy pan que me parto y me reparto para que todos me coman. Yo soy sangre (vida) que se derrama por todos para comunicarles esa misma Vida. Jesús lo compartió todo.
Os he hablado de esto para que vuestra alegría llegue a plenitud. Es una idea que no siempre hemos tenido clara en nuestro cristianismo. Dios quiere que seamos felices con una felicidad plena y definitiva, no con la felicidad que puede dar la satisfacción de nuestros sentidos. La causa de esa alegría es saber que Dios comparte su mismo ser con nosotros. Nos decía un maestro de novicios: "Un santo triste es un triste santo".
No me elegisteis vosotros a mí, os elegí yo a vosotros. Debemos recuperar esta vivencia. El amor de Dios es lo primero. Dios no nos ama como respuesta a lo que somos o hacemos, sino por lo que es Él. Dios ama a todos de la misma manera, porque no puede amar más a uno que a otro. De ahí el sentimiento de acción de gracias en las primeras comunidades cristianas. De ahí el nombre que dieron los primeros cristianos al sacramento del amor. "Eucaristía" significa acción de gracias.
Cualquier relación con Dios sin un amor manifestado en obras, será pura idolatría. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ni ritos, ni normas morales. El único distintivo debe ser el amor manifestado. Jesús no funda un club cuyos miembros tienen que ajustarse a unos estatutos si no una comunidad que experimenta a Dios como amor y cada miembro lo imita, amando como Él. Esta oferta no la pueden hacer la institución, por eso se muestra Jesús tan distante e independiente de todas ellas. Ninguna otra realidad puede sustituir lo esencial. Si esto falta no puede haber comunidad cristiana.
 

Meditación-contemplación
Sin la experiencia de unidad con Dios
No podemos desplegar el verdadero amor (agape).
Sin la savia divina que nos atraviesa,
Nunca podremos dar el verdadero fruto.
.....................
El verdadero amor nos lleva al límite de lo humano.
No somos nosotros los que tenemos que amar.
Es el mismo Dios el que se da a través nuestro.
Desde nuestra verdadera humanidad podemos manifestar lo divino.
......................
El verdadero amor no es fruto del voluntarismo.
Tampoco surge del deseo de alcanzar una plenitud.
Amar es deshacerme de todo lo que creo ser,
Para que solo quede en mí lo que es Dios.
..............

                                                                                    Fray Marcos

Mandamiento amaos unos a otrosJn 15, 9-17.Domingo VI Pascua Ciclo B 2015
El evangelista Juan pone en boca de Jesús un largo discurso de despedida en el que se recogen, con una intensidad especial, algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus discípulos a lo largo de los tiempos para ser fieles a su persona y a su proyecto. También en nuestros días.
«Permaneced en mi amor». Es lo primero. No se trata solo de vivir en una religión, sino de vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre. Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. A lo largo de los siglos, los discípulos conocerán incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden. Lo importante será siempre no desviarse del amor.
Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico ni vacío de contenido. Consiste en «guardar sus mandamientos», que él mismo resume enseguida en el mandato del amor fraterno: «Este es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado». El cristiano encuentra en su religión muchos mandamientos. Su origen, su naturaleza y su importancia son diversos y desiguales. Con el paso del tiempo, las normas se multiplican. Solo del mandato del amor dice Jesús: «Este mandato es el mío». En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno.
Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría: «Os hablo de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». Cuando entre nosotros falta verdadero amor, se crea un vacío que nada ni nadie puede llenar de alegría.
Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús, según la expresión evangélica. No sabremos cómo generar alegría. Aún sin quererlo, seguiremos cultivando un cristianismo triste, lleno de quejas, resentimientos, lamentos y desazón.
A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor. A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.
 
José Antonio Pagola

agendaCONFER

Retiros CRP

lampadaaccesa2

eventos

Copyright © 2017 CRP - Conferencia de Religiosas y Religiosos del Perú. Todos los derechos reservados.
Calle Torre Tagle 2461, Pueblo Libre, Lima - Perú - Teléfono: (+51) (01) 261-2608 - Desarrollado por Cecopros